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jueves, 15 de junio de 2017

20 cosas sobre el libro electrónico que no tienen sentido





1. Actualmente el 90% de las personas dedicadas al libro electrónico se dedican a resolver problemas técnicos o de servicio. La palabra estrategia es la gran ausente en las conversaciones sobre el futuro del formato. Una buena parte de los que trabajamos en esto somos espectadores con asientos de primera que asistimos para ser testigos de una inercia que cada día se asemeja más a hundirse y menos a navegar.

2. El libro electrónico duerme todas las noches con su peor enemigo. La resistencia a la transformación del libro proviene de la industria del libro. Los lectores han demostrado, más allá de toda duda razonable, estar más que dispuestos a consumir más libros siempre y cuando la vieja práctica de trasladar las deficiencias del actual modelo de negocio al consumidor final se termine.

3. El libro electrónico ha detenido su propio desarrollo por falta de inversión. El depredador dominante controla los tiempos de la transformación digital y somete al resto de los jugadores a su ritmo. El miedo es la sensación dominante en el presente y la piedra fundamental del futuro.

4. Los editores esperan que el libro electrónico fracase porque de alguna extraña manera esperan que la base crítica de lectores perdure inalterable.

5. El libro electrónico evidencio tres cosas que deberían generarnos mucha angustia: los editores no saben de libros, las editoriales procuran la contracción del mercado y, para vender libros, no hay que saber de libros.

6. Todavía no podemos hablar de libros electrónicos mejorados porque aún nos cuesta mucho trabajo hacer libros electrónicos simples.

7. La distribución del libro electrónico es cada día más difícil. Alguien está haciendo dinero con esto.

8. La democratización del libro proviene de la diversidad de los lectores, la diversidad de contenido sólo representa los intereses de las tiendas.

9. Han pasado 10 años desde el primer Kindle, los dispositivos no han mejorado casi nada desde entonces.

10. Los audiolibros no generan lectores, sumar esos números a la industria del libro es engañarse.

11. Los autores no han comprendido las posibilidades que el libro electrónico presenta. Los que no querían someterse a una editorial terminaron sometidos a una tienda.

12. El lector no está recibiendo nada nuevo con el libro electrónico. Las ventajas siguen siendo logísticas y no fundamentales.

13. La televisión entiende el valor del contenido, en un futuro no muy distante el volumen de narrativa se terminará de trasladar de la palabra a la imagen.

14. La industria editorial tiene muchísimos soldados, algunos oficiales y casi ningún general.

15. El modelo de la industria del libro en 2017 cada día se parece más al 100% de nada es mejor que el 10% de todo.

16.  El libro electrónico estaba diseñador para ser un movimiento plural pero se ha comportado como nicho desde el primer día.

17. Un autor que opina sobre el formato en que desea ser leído está más preocupado por las formas que por el fondo, eso suele notarse en lo que escribe también.

18. Leer se ha vuelto aburrido, ese es el problema fundamental.

19. Hacer un libro electrónico cada día es más simple pero venderlo cada día es más complicado.

20. La actitud de la industria del libro es puro pensamiento mágico.

martes, 16 de mayo de 2017

La poesía o los siete gatitos del meme aquel


La poesía es el gato de Schröedinger, hace mucho tiempo que no sabemos si está viva o muerta pero en realidad ninguna de las dos posibilidades significa diferencia. Durante muchos años hemos hablado de la poesía como ese objeto inamovible y presente que representa la magnificación de las ideas y los sentimientos en nuestra vida cotidiana. Recuerdo hace algunos años escuchar a un amigo decir “volveré a leer poesía cuando alguien pueda hacer un poema sobre la vida en una oficina”. De las muchas cosas que este amigo me dijo esta se quedó en mi mente y cada vez que la poesía como género sale a la conversación la uso. Es cierto, la poesía difícilmente es cotidiana.

Lo que resulta interesante de la poesía como objeto social es su continua manifestación en medios digitales. No pasa un día sin que los peores poemas del mundo aparezcan reducidos en aforismos memetizados en la red social de mi preferencia. Benedetti, Nervo, Girondo, Neruda, todos reducidos a sus versos más cursis, menos importantes y en algunos casos completamente apócrifos representan la supervivencia de la idea de poesía en el mundo moderno. En un sentido estricto estas son buenas noticias para el género, la poesía se presenta como una opción viable para comunicar sentimientos e ideas, compite sanamente con canciones, citas de película o aforismos puros en el catálogo social actual.

Sin embargo la poesía es un poco más que eso. Debería ser un poco más que eso. Últimamente también se ha convertido en el hogar de las formas menos estrictas (ironía) y más espontáneas de la literatura. Hace algunos años que la mayor parte de los escritores latinoamericanos empiezan escribiendo versos modernos y libres como ejercicio prematuro de lo que después serán narradores y ensayistas de largo aliento. La poesía es una puerta de entrada. Por otro lado esto ha traído consigo una separación cuasi social en el constructo social que representan los gremios de escritores. Los poetas que buscan irrumpir en la vida de los lectores de manera violenta y los poetas que buscan construir poéticas que perduren más allá del impacto iracundo de los primeros.

Los primeros se consideran digitales, los segundos se consideran análogos. Los dos asumen que la trinchera genera valor agregado a sus propuestas y posiblemente, a diferencia del pasado inmediato, es posible que tengan razón. La poesía se ha hecho de un lugar en las manifestaciones digitales, uno que genera cierto tipo de status quo, un poema que parece canción de cantautor de segunda tiene mejores posibilidades de pasar por cierto que una canción del mismo cantautor de segunda. Una verso con segundas intenciones siempre es más útil que una frase con segundas intenciones. El status quo alrededor de la idea de que algo es poesía inmediatamente amplía las posibilidades de quien lo escribe o lo publica. Así también un libro que se presenta en un foro clásico normalmente se considera más cercano a la literatura o la idea que la literatura representa. Si tiene portada y hojas de papel se genera un hálito romántico de importancia y trascendencia, como si el papel sobrevivieran a los bits. Un poemario tiene mejores posibilidades de ser leído que un MC sin importar que el MC probablemente sea mucho mejor que el libro en si. Sin embargo las dos trincheras generan algo importante, identificación de la audiencia. Normalmente el que va a una noche de open mic de poesía no se siente cómodo rodeado de libros de poesía y viceversa. En realidad el asunto con la poesía se parece mucho a elegir un equipo de futbol. Lo importante es la playera y el juego como quiera que sea va pasando.

¿De dónde viene esto? Hace unos días el colectivo de unos amigos míos (siempre hay que aclarar esto) sacaron su primer disco. Emails a Nigeria de Los Kikín Fonseca y el Gringo Castro. ¿Qué es? Un disco de poemas o un disco de música con poemas o unos poemas con música o unas canciones no muy bien cantadas o unos poemas con una música no muy buena, en realidad cualquiera de las variantes anteriores puede ser usada para describirlo. Pero lo más importante es que es un buen disco. Es un disco trabajado, cuidado, diseñado, ensayado y profesionalmente realizado. Es un híbrido en una época en que esta palabra se usa a la ligera. Es una propuesta y casi toda propuesta es valiente en este siglo.

No hablaré mucho más del disco, en realidad creo que deberían buscarlo y escucharlo, ambos bandos. Principalmente creo que deberían hacerlo porque es posiblemente el primer poemario que se distribuye a través de Spotify, Apple Music, Deezer y el resto de plataformas musicales. Esto permite que sea el primer poemario que se puede descargar y reproducir sin necesidad de cambiar de plataformas o bajar aplicaciones para hacerlo. Es un poemario que se inserta inmediatamente en el flujo actual de consumo de contenidos y eso, por si mismo, ya es algo que considerar. Actualmente la literatura sigue tratando de mantenerse como una trinchera, quién quiera leer tiene que venir a nuestro territorio y seguir las reglas de este territorio. Eso por si mismo limita mucho las opciones, sólo hay que considerar la cantidad de gente que publica cosas en Facebook con la sola intención de encontrarlo después, hoy la comodidad del usuario está por encima de la calidad del producto y eso es algo a tener en consideración todo el tiempo.

La poesía sobrevive a través de versos de segunda publicados en una plataforma de primera. Eso es cierto, mucho más cierto que las 20 personas que acuden a una presentación de libros o las 100 personas que acuden a un festival de poesía. En realidad la cantidad de gente que considera que Benedetti es un gran poeta es mucho más grande que la comunidad que ha leído a Ezra Pound. El problema del argumento en contra de esta desgracia poética es que en realidad es una crítica a la realidad y la realidad, cómo se ha demostrado a través de los años, le importa un pepino las críticas. No se somete a la opinión. Eso es lo que la hace realidad.



Lo que Emails a Nigeria demuestra, como objeto, es que resulta mucho más interesante competir con los versos malos en la misma trinchera que tomar la distancia que conviene a la pedantería y esperar que las audiencias se acerquen a los libros sustrayéndose de lo demás. Sumar es mucho más interesante que restar, conectar es mejor que aislar, hacer redes tiene mejores dividendos que privatizar comunidades. Es un disco, una manifestación, un poemario, un eso que hace algo que está muy bien. Quizá también es una muestra de la importancia que tiene diversificar en una era que se desdobla todo el tiempo. Digitalizar lo análogo no es destruir, es multiplicar. Sacar al gato de la caja, pues.